Piano colapsado condensa todas las cuerdas de un piano en un bloque fundido y denso colocado sobre una caja de madera. En el interior de la caja, un pequeño reproductor de audio y un altavoz de contacto transmiten música de piano directamente al bloque.
La música de piano que suena a través del bloque ha sido seleccionada por mi padre. En lugar de ser interpretado por un instrumento intacto, el sonido nos llega a través de la vibración: el altavoz de contacto pone en movimiento el bloque denso y el bloque deja salir de nuevo el sonido.
La obra se pregunta si un piano puede seguir sonando después de su propio colapso. Las cuerdas, que habitualmente producen el sonido dentro del instrumento, han quedado transformadas en una masa compacta y pesada. Lo que queda no es el piano como mecanismo funcional, sino la posibilidad de que su colapso siga transportando sonido.
El bloque de cuerdas fundidas se convierte a la vez en residuo y altavoz, objeto y vibración. En ese sentido, lo que escuchamos sigue siendo el piano —o al menos el colapso del piano.



