Cuando fui a visitar el lugar donde se iba a desarrollar el museo de Collegium, entré en una de las casas abandonadas que estaban destinadas a ser derruidas. En su interior encontré una pequeña habitación alargada cuyas paredes estaban completamente cubiertas de números de lotería. Durante más de treinta años, alguien los había ido coleccionando y enganchando allí: décimos de Navidad, de El Niño, repeticiones, números aislados, toda una lógica privada que no logré descifrar.
Para mí, que tengo formación matemática, aquella acumulación abrió inmediatamente la posibilidad de buscar relaciones, combinaciones y patrones. En lugar de extraer los billetes como simples documentos, decidí preservar la habitación como tal. Para la exposición, todos los números se retiraron cuidadosamente y se volvieron a instalar en la misma disposición dentro de una reconstrucción a escala real del espacio, manteniendo los huecos de la puerta, la ventana y el armario. La estructura se realizó de forma que el anverso y el reverso de los billetes pudieran seguir viéndose.
La pieza no solo conserva un gesto pasado. También lo reactiva. Cada año se compra un nuevo décimo con un número predicho por un algoritmo matemático construido a partir de los números anteriores, de manera que la colección continúa creciendo con una nueva aportación anual.
El título alude tanto a la larga búsqueda de suerte contenida en esos décimos como a la suerte que tuve yo al encontrar aquella habitación.
La obra fue adquirida y forma parte de la Colección Collegium.









